martes, 13 de enero de 2015
martes, 6 de enero de 2015
Presentación de:"Mi casa de los pájaros".
Beatriz Bianchetti ha compartido la foto de Ediciones de la Eterna.
7 h ·
La Eterna en Mar del Plata!!!
Se viene, se viene la presentación de "Mi casa de los pájaros", el bello libro de la querida escritora Beatriz Bianchetti.
La autora dará lectura a una selección de relatos.
Presenta: Cristina Villecco.
Librería Polo Norte/ Constitución 5843/ Viernes 9 de enero/ 19:00hs.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Mi casa de los pájaros
Cambié mi patio de ladrillos
por otro de cerámica.
Todo es nuevo, sin historia.
Hay un árbol que no es mío,
pero me da sombra y la música
del viento entre sus hojas.
Vienen a él, gorriones,
benteveos y palomas.
Adornan así la nueva vida,
llena de árboles y pájaros.
miércoles, 15 de octubre de 2014
Rosadas ovejas
martes, 1 de julio de 2014
Cartas
Cartas
“Qué precio tiene un cuerpo.
La
enfermedad es una lección de
anatomía”
S.
Ocampo
Una mujer espera el final, tirada en una
cama de la clínica.
Casi no conversa. Su cuerpo está invadido
por el cáncer.
Se comunica sólo con otra paciente.
Le confiesa que un tal Julio, un escritor, con el que
tiene una amistad epistolar, se hizo cargo de los gastos.
La enferma terminal muestra las cartas del
escritor a su compañera.
Ésta se sorprende al ver la firma: Julio
Cortázar.
Hoy me pregunto por qué no guardé una de
esas cartas.
Cartas a Ana
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- Edición Impresa
Ana Svensson fue una militante internada en el hospital Moyano en 1975. Desde su internación intercambió cartas con Julio Cortázar: él le enviaba postales desde las Antillas, o libros desde París, o incluso dinero. Ella, que empezaba sus cartas diciéndole “Querido Cortázar”, le describía el funcionamiento del PAMI, creado en 1971. En una de sus cartas, Cortázar le escribió: “Quiero que sepas que no puedo –subrayó “no puedo”– ir a la Argentina por ahora. Las razones son obvias y no dependen de mí sino del estado de cosas”. Era el 31 de diciembre de 1976.
Julio Cortázar le debe cartas necesarias a Ana Svensson
Cortázar publico estas 6 cartas que envió entre 1977 y 1983 a su amiga Ana Svensson.
Ana vivió gran parte de su vida internada en distintos hospitales y clínicas psiquiátricas, y por temporadas en su apartamento de Buenos Aires. Cortázar nunca dejó de escribirle a Ana a lo largo de la dictadura, inclusive en el 81 cuando estuvo al borde de la muerte...
Os dejo con una introducción y a continuación el puñado de cartas dirigidas hacia su amiga:
Os dejo con una introducción y a continuación el puñado de cartas dirigidas hacia su amiga:
"Pero pasa que el tipo es un poeta y un cronopio a sus horas, que a cada vuelta de la esquina le salta encima el tigre azul, un nuevo laberinto que reclama ser relato o novela o viaje a Islandia, (ha de ser tan traslúcida la alborada en Islandia, se dice el pobre punto en un café de barrio) Le debe cartas necesarias a Ana Svensson, le debe un cuarto de hora a Eduardo, y un paseo a Cristina, como el otro murió debiéndole a Esculapio un gallo, como Chénier en la guillotina, tanta vida esperándolo, y el tiempo de un triángulo de fierro solamente y ya la nada. Así, el absurdo de que el deseo se adelante sin que puedas seguirlo, pies de plomo, la recurrente pesadilla diurna del que quiere avanzar y lo detiene el pegajoso cazamoscas del deber. La rémora del diario con las noticias de Santiago mar de sangre, con la muerte de Paco en la Argentina, con la muerte de Orlando, con la muerte y la necesidad de denunciar la muerte cuando es la sucia negación, cuando se llama Pinochet y López Rega y Henry Kissinger. Escribiremos otro día el poema, vayamos ahora a la reunión, juntemos unos pesos, llegaron compañeros con noticias, tenés que estar sin falta, viejo"
CARTAS:
16/8/77
Querida Ana: Pensé que te gustaría ver esta imagen del palacio de las pajas en Avignon. Es un edificio enorme, con salas magníficas y pinturas medievales. Volví a visitarlo hace unos días y pensé que te gustará compartir conmigo la visión de algo tan bello.
Por ahora no puedo mandarte mi libro, pero pronto tendrás la edición que va a salir en Buenos Aires. Tené un poquito de paciencia. Cuando vuelva a París te enviaré otro paquete de libros. Hasta pronto con el mucho cariño y un beso de Julio
Esta carta la tuve en mis manos en la Clínica Abrines en agosto del 77.
Recién ahora conozco la historia de mi compañera de habitación.
B.R.B.
domingo, 29 de junio de 2014
Rutina
Un pequeño bar de la calle
Esmeralda. Se han sentado, con desgano, Elsa y Juan. Piden y el mozo se va.
Ella piensa como decirle que no lo quiere más. El aroma a café perfuma todo.
A Juan le dolerá
escucharla. Lo hará con tristeza. Los recuerdos de la infancia aparecen en su
mente, no quiere oír. Escucha gritos, niños que pelean, onomatopéyicas balas,
corre. El llanto viene a sus ojos. Acongojado le aprieta las manos, la
necesita, tratan de borrar el dolor.
Terminan el café, se
levantan sin hablar. Caminan lentamente hacia donde proseguirá la rutina.
En la reducida cocina, Juan
prepara el desayuno. El olor a café le recuerda la conversación en el bar. Se
sienta y lo toma, cree que algo ha terminado.
Elsa recostada piensa como
resolver la situación, triste y sin ánimo, finge dormir.
Espera el golpe de la
puerta. Calcula lo que tardará hasta la calle, se asoma a la ventana y lo ve
caminar cabizbajo hacia la parada del colectivo. Se sirve café, está frío, lo
deja sobre la mesa. Trata de ordenar, choca con los muebles.
Sale a hacer las compras.
Respira aire fresco. El cielo plomizo anuncia una tormenta.
Al regreso, toma todo el
dinero, que le alcanza para un pasaje a Rosario. Junta su ropa y sale del departamento
quizá por última vez. Huye de la rutina, cree que para siempre.
Juan regresa del trabajo y
adivina la ausencia de Elsa, la taza de café sobre la mesa y la falta del
dinero le dan la certeza de su partida. No se sorprende. Tampoco se alegra. Debe
pensar. Está solo. Se tira en la cama y mira el techo. No se puede concentrar,
ni resolver nada.
Entre dormido oye el avión que
todas las noches los hizo soñar con un viaje.
Con el sol sobre su piel,
la arena dorada y la sensación de libertad, es feliz. Es feliz ante aquel mar
azul con veleros que iluminan el horizonte. Recupera energías.
Pasa algún tiempo hasta
volver a ser él mismo. El trabajo, poco a poco, lo entusiasma. Comienza a
salir, a tomar café en el centro, a mirar a las chicas.
Al regresar a su casa
recuerda el perfume de Elsa, que ya se esfumó. El avión de la noche lo hace
soñar. Despierta seguro de continuar con su vida y quizá volver a enamorarse.
El sueño, repetido hasta el cansancio, lo ilusiona.
Es feliz, en realidad, el
día que compra su pasaje al Caribe.
Al momento de bajar del avión divisa la silueta de Elsa, que cumple con el deseo de hacer ese viaje, que tantas noches habían soñado.
Desde la ventanilla del
avión disfrutó del espectáculo maravilloso de Buenos Aires iluminada y sientió que cortaba con su pasado, pero al verla a ella Juan piensa que su vida se podría rearmar.
Elsa no lo ve hasta llegar
a Punta Cana.
¿Retomarán la rutina o cada
cual hará su camino?
viernes, 27 de junio de 2014
El tapial
Separaba mi casa de la de mi mejor amiga. Pero en vez de ser
un límite era un vínculo. Las escaleras a ambos lados transformaban las dos
casas en una sola.
Esa pared, que dividía físicamente, nunca existió para
nosotros como un obstáculo. Fuimos una familia, que todavía conserva esa hermosa
amistad.
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