Ese
día el humor del cielo había empezado a descomponerse desde muy temprano, y
estaba nublado y fresco, pero no había riesgos de lluvia antes del mediodía. Se
acercaban las lluvias monzónicas de junio en Nepal, la temperatura subirá hasta
pasar los treinta grados. Los turistas ya habían partido y la selva quedó a
merced de la fauna.
Un
tigre alucinado ruge y ataca a un cervato altivo, la madre corre a defenderlo.
El
felino huye como un rayo entre los matorrales húmedos por la niebla matinal,
donde las feronomas de un ciervo macho dejaron su huella.
La
larga vida, de años de lucha por la supervivencia cruel, los hizo desconfiados.
Tanto
el tigre como la cierva, conocen los límites de sus territorios. Las madres
repiten en forma ancestral este acto en defensa de sus crías.
La
especie humana no siempre lo repite. Muchas veces los animales nos dan una
enseñanza.